Paseo por el ilustre y somnoliento momento de un sentir despierto. Estupor desgarrador que implica que el día deje de lado puestas de sol en detrimento de lunas errantes, calmando el cebo de las mareas, ésas que se elevan ajenas a cualquier límite antepuesto por la solemnidad enfundada en un traje tan ajustado en sosiego, como holgado en temor. El mismo cuya repentina presencia urdió el plan de crear al maquiavélico ser de un estado intransitable, pero que a base de voluntad, fue desdeñado hasta el punto más significativo de la poquedad más putrefacta.

Y en este alarde de palabras desbocadas, trato de esconder el tesoro del afecto bien avenido, sepulturero de heridas cuyas cicatrices fluctuaron en un pasado no muy lejano, aunque lo suficientemente cercano como para firmar con sangre la incomprensión de una lágrima tan reseca como el óbito de aquel que ha huido, para luego encontrarse en las postrimerías del silencio más valioso.

A pesar de la lasitud del desdén, siempre me quedará la nostalgia de un mar en calma, bravío en esperanza y regio en añoranza, encumbrando sus banderas en islotes de cautividad, perviviendo ante anocheceres sin estrellas y amaneceres sin crepúsculo.

Ya dentro de tu austero recibidor, el asiento principal abre nuevas perspectivas, nuevos ángulos frente a la obtusa realidad que se distingue ante mis ojos, nublando mis sentidos donde los olores no son más que sustancias sin pronombres y carentes de adjetivos. Retorno a los espacios abiertos, para purificar mis pulmones desprovistos de un algo que pocos encuentran y otros muchos ansían...Quizás sean recuerdos que proyectan su existencia en la pantalla de ese futuro doblegado por la idiosincrasia de secuencias fortuitas que, en forma de caricias, proceden de las brisas diurnas que recorren el seno de una morada desdentada, donde reposa la soledad junto a la saciedad de los sueños sin dueño fijo.

Me encomiendo a la santificación del escepticismo, donde las divagaciones a mis dudas existenciales, se dan sin que haya existencia que valga.

Son tantas las preguntas que me surgen ante la inmensidad de tu mirada, ésa llena de destellos punteados que adivinan un más acá tangible de impresiones, enriquecidas por el latir de mil olas desarropadas, ajenas a la represión que nos impide escuchar con nuestra mirada. Hago un ejercicio de introspección para noquear la intrascendencia que remite el pesimismo como máxima en una vida sin apremios. Me valgo de la coherencia de tu venturosa presencia para arrojar unos pasos que van tropezando cuando el neonato que hay en mí, se niega a crecer ante la tesitura que impone la NADA cuando trata de apoderarse del TODO

Aunque parezca que no me hablas, la sonrisa que brota de mis labios me hace soñar con el día donde ambos nos fundiremos, pese a la distancia que separa mi yoicidad del sendero que me lleva a tus entrañas. Y ante el panorama de las vicisitudes, siempre estaré tirando de esa cadena que no impide que mi libertad se vea frustrada. No hace falta enviar señales para intuir cerca de mí la esperanza en forma de una impoluta naturaleza.

Sentado en mitad del universo, trazo con mis dedos el sonido de una melodía que empuña su espada frente al ego, y que rociada en esperanza, se prolonga por las vestiduras del tiempo anacrónico. Sólo pido un instante que me evada del dulce sufrimiento que adereza un semblante serio que sólo entiende de aquello que es ilegible. Empapo en tu esencia las hojas del diario que dictamina el qué y el cuándo que subyace en los silencios de mi soledad más llevadera, ésa que en ocasiones te da abrigo, como diría la canción. La que en mitad de la ventisca actúa y mueve una vida llena de relatos tan exiguos en contenido como largos en comprensión.

A pesar de los pesares, me cobijo en tu arena y me refugio del frío amamantando mi cuerpo bajo tu colcha de estrellas y tu cristalino aroma embriagado en salitre. Hoy te rindo este tributo, pues pese a no disfrutar siempre de ti, las veces que lo hago, y haciendo una analogía físico-química, doy un salto cuántico a un orbital donde no hay exigencias a la hora de retornar.

Déjame morir en tu regazo si todavía te queda algo de dignidad. Permite que mis cenizas no se las lleve el viento de poniente. Sólo quiero que sean arrastradas a las profundidades de tu inconmensurable aclamación. Bajaré hasta tus fueros con el único designio de emerger cada segundo de levedad secuestrada en una jaula sin rejas pero oxidada en recuerdos.

Me salvas cuando no hay tiempo para un rescate preciso, maniatado por la premura de la incondicionalidad sin condición. Como una furtiva ráfaga salobre, me cuelo en tus entresijos colmados de gotas que salpican almas tan vulnerables como ricas en palpitaciones de agua y sal.

Tú nos viste nacer, fuiste el soporte que conectaba el deseo de prosperar con el avance deseado por una tierra incandescente, fuente de energía de un planeta generoso con el prójimo, pero hostil frente a las dudas de un pasaje pedregoso cuyos cantos quedaron lejos de ser una reliquia sin mercado propio. Viviré oculto por los alabastros de la discordancia más complaciente. Sólo me queda decir que tras tu luz está el oxígeno sin necesidad de ser respirado, recubriendo nuestra piel con ese inagotable manifiesto por los derechos humanos, por los derechos de seguir soñando…

Buenas noches

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  • Luis ... 12 December 2008

    Gracias Iván, por compartir este magnífico tributo al mar y a las estrellas, en donde se ven reflejadas nuestras efímeras medidas.
    Un abrazo

  • Alejandra 15 December 2008

    Admiración y respeto por ambos elementos que comparto totalmente contigo, pero que sólo tú puedes describir de este modo.
    Eres extraordinario, todo cuanto dices nos alcanza..."eres de lo que no hay".
    ...Un inconmensurable abrazo...

  • Desirée 14 February 2009

    Me alegro de volver a encontrarte y leer tus estupendos blog niño, espero estar de nuevo por aquí y seguir disfrutando con tan interesantes lecturas.
    Un besín desde mi querida y verde Asturias de tu Tita ( espero no me olvidaras).

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Created: 11 December 2008

Last update: 24 August 2009

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